ACERCA DE LA CATEDRAL SAN JORGE

 

* Historia de la Iglesia Católica Greco-Melquita en Venezuela (próximamente)

 

 

 

Vida de San Jorge

 

Fue San Jorge uno de los santos orientales, cuya devoción se difundió como la luz, llenando a todo Oriente y Occidente.

Nació en la ciudad de Lida, (Palestina), entre Jope y Jerusalén, el año 280, hijo de una familia ilustre y profundamente cristiana. Su padre fue llamado por el Emperador Diocesano a prestar servicios en la guardia imperial, muriendo poco después; por cuyo motivo, la formación del niño Jorge pasó al cuidado de la madre, quien inculcó a su hijo los sentimientos de piedad y amor a Dios de que estaba adornado su corazón maternal. A los 17 años de edad entra Jorge como caballero a formar parte de las milicias de Diocleciano y al distinguirse por sus innumerables cualidades asciende vertiginosamente hasta escalar altas posiciones en las fuerzas del Emperador.

 

 

 

 

 

 

 

 

Suplicio del Santo
Desatada la persecución de los cristianos del año 303, y conmovido Jorge por la suerte de estos, contando apenas 23 años de edad, se decide y acude en auxilio de los mismos, reparte todas sus propiedades a los pobres y se prepara mediante la oración para esperar su muerte. Acude ante el Emperador, le reclama con coraje la libertad de los cristianos y éste enardecido, le manda a poner en prisión, siendo sometido a crueles martirios; tirado al suelo, atado sus pies y sobre el pecho le fue colocada una piedra cuyo peso se hacia imposible poderlo resistir un mortal. Bajo este suplicio Jorge eleva su pensamiento a Dios, pasa toda la noche glorificando al Todopoderoso y a la mañana siguiente, Diocleciano considerando que Jorge ha cambiado de idea lo mandó a buscar.

Una voz celestial
Mas el Santo se presenta ante el con mayor coraje y decisión, por lo cual fue enviado al suplicio de la rueda, consistente en hacerlo pasar sobre su cuerpo una pesada rueda con clavos proyectados, los cuales le ocasionaron numerosas heridas y desgarramientos.
Durante el martirio oyó una voz celestial que le decía: “No temas Jorge, estoy contigo”, apareciéndosele en ese momento el Cristo, vestido de blanco, radiante de luz y gloria, quien le animó besándole y estrechándole contra su corazón.
Dioclesiano sorprendido por el valor inmenso del joven Jorge, quiso salvarlo y tratando de conquistarlo le habló cariñosamente haciéndole promesas si se sometía a su voluntad. Jorge aparenta aceptar las propuestas y pide al Emperador ir al Templo pagano para ver a los dioses, lo que llenó de júbilo a Diocleciano, quien ansioso porque los actos de Jorge fueran más públicos y solemnes, reúne a toda su corte, sacerdotes y pueblo para que acudieran a presenciar el sacrificio de Jorge al Dios Apolo.

El milagro
El Templo se colmó con la multitud, la gente se manifestaba complacida porque Jorge se iba a salvar de la muerte. El Santo se presenta ante la estatua y mirándola fijamente se hace la señal de la cruz y le pregunta: “¿quieres que te presente a ti sacrificios al Dios en el cielo y de la tierra?, una voz sale del interior del ídolo y responde: “No, yo no soy Dios; el verdadero Dios es aquel al cual tu adoras”. Al instante, el ídolo y demás estatuas caen a tierra volviéndose mil pedazos. Las turbas se llenan de terror y los sacerdotes gritaron “Jorge con tu magia diabólica ha destruido nuestros dioses. ¡Muerte con este mago!”. El pueblo trata de lincharlo pero los soldados lo libran de la ira popular.

La Decapitación: San Jorge Mártir
Diocleciano para calmar los ánimos lo manda a decapitar. Jorge se postra de rodillas, eleva su pensamiento y oración al cielo, inclina la cabeza ante el verdugo y muere decapitado, recibiendo como tributo a sus virtudes la recompensa eterna de la gloria y el honor de los Altares con que Dios premia a las almas justas y santas.

Alejandro Otero Cáceres

 

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